El 28 de julio de 2011, es decir, hace exactamente dos años, después de una lucha contra el cáncer que lo habitaba, murió el escritor Carlos Perozzo. De su vida sabemos que nace en Cúcuta en 1939. Al finalizar su formación básica viajó a Caracas a estudiar Derecho. Pronto abandona esta ciudad y regresa a Colombia, esta vez a Bogotá, donde estudió Arquitectura en la Universidad Nacional. En esos años surge su interés por el teatro y las letras. Más adelante viajó a Europa donde permaneció alrededor de catorce años y allí publica su primera novela, Hasta el sol de los venados (1976). A esta novela le seguirían otras tres: Juegos dementes (1981), El resto es silencio (1993; publicada también en Venezuela, Cuba y España) y La O de aserrín (2004). También cuenta dentro de su producción con los libros de cuentos: Otro cuento (1983) y Ahí te dejo estas flores (1985). En teatro publicó Atreverse a luchar, atreverse a vencer (1973: Mención en el Premio Casa de las Américas) y La cueva del infiernillo (1980: Premio Teatro Nacional Icasa).
Para Carlos Perozzo su tercera novela, El resto es silencio (1993) era su obra novelística más lograda. Bajo este título evidentemente shakesperiano se esconde la historia de Jorge Eliecer Altuve Plata, maestro de literatura de un colegio de la provincia de Puerto La Antigua. Altuve vive allí la militarización de la ciudad y la consecuente violentación de sus ciudadanos en medio del disturbio partidista causado por el asesinato de Gaitán. Con este ajetreo político de fondo Altuve se enamora, es engañado y se deja llevar por los celos hasta ser inculpado de un crimen que jamás cometió. Por ello pasará sus próximos veinte años en una cárcel de Bogotá, en medio de un abandono absoluto que acrecienta un desprecio por la vida y un dejarse abrazar de lo más bajo y criminal que pervive en el hombre.
Una vez sale de la cárcel Altuve se ve obligado a ser un habitante más de la calle. Allí será víctima de todos los ultrajes posibles. De acudir constantemente a las drogas y beber licor adulterado queda ciego y esta condición le permite ser explotado por un hombre que le obliga a plantarse a los pies de una iglesia para mendigar algunas monedas que posteriormente debe dar al explotador. “El Ráfaga siempre lo sentaba en el mismo sitio y le traía una totuma llena de aguardiente que destilaba un aroma picante y se metía por la nariz con insolencia. Altuve chupaba todo el licor que podía, siempre con varias expectativas: 1) Recuperar la vista. 2) Morir. 3) Dormir. 4) Alcanzar las órbitas que le proporcionaban la marihuana o el basuko (sic)”.
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| Carlos Perozzo |
Pasado algún tiempo la ceguera de Altuve se hace intermitente y entre los momentos de lucidez visual él resuelve de una vez por todas ser un asesino. Allí inicia su periplo por lo más visceral y crudo de su existencia, pero también nace un Altuve nuevo, decididamente resuelto, empoderado y misterioso que puede generar miedo en cualquiera que se decida a detenerse y observarlo por algún momento. La ascendente carrera de asesino de Altuve se ve preñada de buenas cantidades de dinero, mujeres hermosas y un espíritu poseso de la impiedad y el deterioro.
La vida de Altuve dará un giro cuando descubre que fue víctima de una trampa tendida por su ex novia y su amante, el alcalde de su pueblo. Una vez enterado es instigado por el escritor de la novela a que vaya y asesine al alcalde, pues según éste, ya lleva muchos capítulos escritos y nadie se interesa por leer novelas tan grandes. Allí inicia su viaje de regreso a Puerto la Antigua. Al preguntar por este pueblo nadie da cuenta de su existencia. Todo parece indicar que se trata de un pueblo fantasma, recordando la Comala de Rulfo. Finalmente da con el lugar donde se encuentra el ex alcalde y su ex novia y da cumplimiento a su misión.
En Perozzo hace falta hacer hincapié en su insistencia en la denuncia y en el humor negro, su regodeo con el lenguaje que raya en lo filosófico y lo poético, su carácter experimental y transgresor y su escritura de largo aliento (El resto es silencio supera las 460 páginas). En una literatura tímida y timorata como es la colombiana, acostumbrada a las concesiones y ensombrecida por la magnánima figura de Gabriel García Márquez, las obras de un escritor como Carlos Perozzo resultan fundamentales para ver y entender la auténtica riqueza literaria alejada de los estigmas de la literatura narco sicariesca y las trampas del mercadeo editorial que insisten en hacer creer que nuestra literatura es el párvulo gesto de un niño bajo la sombra de cien años de oquedad.
Ricardo Contreras
“Tener que vivir en un mundo donde el crimen no cesaba su afán de ser necesario… [L]a realidad, pensaba, hija bastarda de la naturaleza, creaba para tener el gozo de ver morir cosas como futuro, ilusión y un mundo mejor o para trastocarlas y entregar a cambio lo siniestro y lo grotesco en estado puro. Y así era como cualquier rincón del mundo, no era más que el reino de los que cavan sepulturas y de los que erigen patíbulos y no son juzgados ni como asesinos ni como verdugos, sino como triunfadores exitosos pasando por encima del cadáver del prójimo. Y nada más.”
Fragmento El resto es silencio (1993)


