Nuestra
pretendida civilización es una soterrada sucesión de asaltos al hombre para
mantenerlo encadenado a la roca del cretinismo mientras los buitres de la
religión, el civismo, la buena conducta, los deberes y los buenos sentimientos
carcomen las entrañas salvajes y ansiosas de libertad para prevalecer contra él
con la patraña del orden y del progreso, de la paz y la justicia, de la familia
y la sociedad. Una ojeada a las calles y caminos, a las carreteras y
autopistas, a los mares y a los ríos bastaría para darnos cuenta que el mundo
está invadido de rectos, honrados y honorables androides incapaces de dar un
paso en dirección prohibida, física e intelectualmente impedidos para sacudirse
del asalto que cada día los hunde más en la ignominia del ¡Nazca aquí!
¡Edúquese como a nosotros nos da la gana! ¡Coma esto! ¡Beba lo otro! ¡Viva aquí!
¡Trabaje! ¡Descanse! ¡Trabaje! ¡Cásese!
¡Trabaje más! ¡Tenga hijos! Trabaje mucho más! ¡Muérase!
¡Entiérrese aquí!
Y el
mundo es un lastimoso espectáculo en donde el hombre con su inocente cerebro
asaltado, se ha convertido en un pobre y desgraciado cajero de banco, el más
asqueroso oficio que jamás tuviera y que lo ha degradado de su orgullosa
categoría de homo sapiens a infecto batracio contador de billetes.
Carlos
Perozzo
Hasta
el sol de los venados