domingo, 17 de octubre de 2021

.::El lazo de la infamia (a los 19 años de la Operación Orión)::.

 


Escribí este texto hace dos años, cuando conocí por primera vez el Museo Escolar de la Memoria de la Institución Educativa Eduardo Santos de la comuna 13 de Medellín. Lo publico ahora que se cumplen 19 años de aquella fecha fatídica. 


Suspendido en el aire, pende de un extremo y a un tercio de la extensión entre el techo y el suelo se enrosca sobre sí mismo hasta hacer un nudo. Su forma simula la de una horca. El resto de su cuerpo baja insinuando una leve curva que cae sobre un pequeño árbol seco que está sobre un cajón blanco, rectangular, de madera. El lazo envuelve en un par de giros a un pequeño arbusto sin vida y continúa su descenso en espiral por el cajón que, a sus pies, lo ve asentarse apaciblemente. Visto con detenimiento, el lazo imita el modo en que ciertas serpientes matan a sus víctimas: las envuelven hasta quitarles el oxígeno; las oprimen hasta que dejan de respirar. A cada lado, en cartón, se ve aparecer unas figuras humanas. No es posible saber si se trata de hombres o de mujeres. Una pañoleta les atraviesa horizontalmente el rostro. Las figuras son negras, irreconocibles. En su centro hay un documento adherido a ellas que cuenta su historia, o la de alguien más, o la de todos. No se sabe con certeza, pues no es posible distinguir una figura de otra. Junto al Lazo que cae sobre el árbol seco, justo en el centro, tímidamente, y también sobre un cajón blanco del mismo tamaño que el que he mencionado, dos veladoras hacen el contraste con el siniestro paisaje. Una de ellas, la más pequeña, se encuentra apagada. La otra, alta, esgrime una llama pequeña que no se sabe muy bien si apenas está empezando a arder o está a punto de apagarse. En este cajón que sostiene las velas se puede leer: “EL LAZO DE LA INFAMIA. Instrumento de los paramilitares de las ACCU asentados en el sector Guadarrama en el año 2002 y abandonado con otros objetos de guerra”. Después continúa el testimonio anónimo de uno de los habitantes de este sector: “Amarrados en los extremos y agarrados del lazo en el centro, los verdugos conducían a varias víctimas al tiempo, en fila, rumbo a La Escombrera. Cuando regresaban, los malos, ya traían el lazo en las manos, enrolladito”.


Este es uno de los objetos que se ha transformado en testimonio de la barbarie y la sevicia en el Museo Escolar de la Memoria de la Comuna 13, un proyecto que nació la Institución Educativa Eduardo Santos, bajo la tutela de su rector, Manuel López Ramírez. Este año tuvo su segunda versión y en ella uno de los objetos que más llamaba la atención de visitantes locales y extranjeros fue el lazo de la infamia. Sin embargo, son varios los testimonios, fotografías, documentos, objetos y audios que se han podido recopilar y que dan cuenta del terror vivido durante esas fechas. Estos eventos tuvieron lugar en la comuna 13 durante el año 2002 y que tiene como epílogo la operación Orión acaecida durante el 16 y 17 de octubre del mismo año. Este año se conmemoraron 17 años desde que acontecieron aquellos fatídicos eventos. Ante el silencio general de la prensa y de los medios, ante la indiferencia de los políticos que prefieren seguir mirando para otro lado, que un colegio se proponga mantener viva la memoria histórica, dando espacio y voz a aquellos que todavía no han sido resarcidos por los daños, – recordemos que la Corte Interamericana condenó en el año 2017 a la Nación por excesos en la Operación Orión-  llena de optimismo y de fe el camino que se puede trazar desde los colegios a la consecución de unos ambientes propicios para la paz y la reconciliación.

 

Soy maestro, siempre he creído en la educación, en su poder transformador, en su embrujo seductor, en la democratización que supone el acceso a ella y su puesta en práctica. Sin embargo, no hay día en que mi convicción no vacile, cuando veo tanto intelectual atrincherado con los poderosos en contra del pueblo; cuando veo que los políticos se compran títulos universitarios que a otros les cuesta cielo y tierra por conseguir; cuando observo que algunos otros tienen sus tesis plagiadas de otros autores y siguen en sus puestos como si nada; cuando veo rectores universitarios implicados en la muerte de maestros; cuando veo empresas que se hacen ricas a costas de empobrecer los refrigerios que van para los estudiantes escolares; cuando un estudiante me dice: profe, yo para que voy a estudiar si trabajo no hay…  cuando me pasan esas cosas dudo. En esos momentos, me siento como el malabarista cuya cuerda se hace más inestable, tambaleo y la sensación es de mareo. Ser colombiano es un acto de fe, dijo Borges. Ser maestro también lo es, y proyectos como este me dan esperanza, alientan mi emoción por lo que vendrá, como el malabarista que atraviesa el lazo sin problemas, cuando el lazo sirve al arte, cuando el lazo sirve para superar el miedo y desatar el amor.

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